La Santa Misa es la renovación incruenta del Sacrificio de Nuestro Señor Jesucristo en el Calvario, y constituye el centro de toda la espiritualidad católica y la expresión más perfecta de la doctrina de la Santa Iglesia. En la Santa Misa se realizan de modo sublime sus cuatro fines principales:
Adoración
Rendir a Dios el culto que Él mismo desea recibir.
Acción de Gracias
Dar alabanza por los innumerables dones y beneficios que de Él recibimos.
Propiciación
Ofrecer satisfacción por nuestros pecados y los del mundo entero.
Petición
Suplicar con confianza las gracias necesarias para nuestra salvación.
La peregrinación no es una marcha deportiva ni un simple recorrido cultural. Es un acto de culto. Su corazón es la Santa Misa celebrada en el Rito Romano Tradicional — el mismo rito que moldeó la espiritualidad de la Cristiandad durante más de mil años.
El Rito Romano Tradicional
Todas las Misas de la peregrinación se celebran según el Rito Romano Tradicional, comúnmente denominado Misa Tridentina o Misa de Siempre. En este rito, el sacerdote celebra ad orientem — vuelto hacia el Oriente, es decir, simbólicamente orientado hacia Dios — en actitud de adoración, unido a los fieles.
La Misa se celebra en latín, lengua sagrada y universal de la Iglesia, que trasciende las barreras culturales y une a peregrinos de diversas procedencias en una única oración. Al peregrinar y participar en estas Misas, el fiel se inserta en una tradición viva que lo une a los mártires, a los santos y a los fieles de todas las épocas.
El Canto Gregoriano
El canto gregoriano ocupa un lugar central en la peregrinación. Reconocido por la Iglesia como el canto propio de la liturgia romana, eleva el alma y dispone el corazón para la oración. A lo largo del recorrido, los peregrinos entonan cánticos en latín y en portugués, creando una atmósfera de recogimiento y oración continua.
El Santo Rosario
El rosario meditado acompaña los momentos de silencio durante la caminata, transformando el recorrido en una verdadera escuela de oración y contemplación, que supera con creces el simple esfuerzo físico.
Unidos a Nuestra Señora, caminamos con nuestra arma espiritual por excelencia, en el combate que nos conduce al Cielo.
Misa de Envío y Misa de Clausura
La peregrinación comienza con la Misa de Envío, celebrada en el Santuario de Nazaré — una Misa solemne de bendición y consagración de los peregrinos al Inmaculado Corazón de María, en la que se pide Su protección e intercesión para los días que siguen.
El recorrido culmina con la Misa de Clausura, en Fátima, celebrada en acción de gracias por el don de la peregrinación y en reparación por los pecados de la Cristiandad. Es el momento en que el camino exterior se une al interior, y en que el peregrino renueva su consagración a Nuestra Señora.
